solo, me defendí

Lía, tenia que defenderse de su cuñado y de su suegra, personas malas, egoístas y mentirosas, que desde que llegó a esa casa, no hacían otra cosa que hacerle la vida imposible. Julia, una mujer alcahueta, que dejaba que su hijo John, un hombre de 45 años, se la pasara todo el día sentado en casa, sin hacer el mínimo esfuerzo, ella hacia todo por él, permitiéndole ser, un bueno para nada, además de grosero, vulgar, sucio y con algún problema en su cabeza, ya que hacía cosas que desagradaban a todo aquel que lo conocía. Para Lía vivir aquí, era un tormento, este era un lugar, donde ni cagar se podía, porque siempre tenían los ojos puestos sobre ella. Su marido no creía en sus palabras y por más que le decía cuan cruel, era su madre y su hermano con ella, él simplemente, no creía.
No tenía ni un pelo de tonta, daría la guerra para defenderse ella y a sus dos hijos, sería sutil, pero certera a la hora de cobrar venganza.

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Crea Literatura

Crea Literatura, es un sitio, para que los escritores nuevos, muestren sus obras y puedan ser leídas por miles de personas en el mundo.

El arte de escribir es muy hermoso, pero no es fácil como muchos suponen. Hay que sentirlo, vivirlo y así poder plasmarlo en una hoja y mostrarlo.

Anímate a escribir, no tengas miedo, la experiencia se adquiere practicando.

Ven, muéstranos tus escritos.

 

 

 

La Casa De Rosas

Epílogo

Un buen día para Carlos, el dueño y señor de la hacienda, Los Robles. Carlos, era un hombre ambicioso, que obtenía todo lo que quería y lo conseguía de cualquier forma y a cualquier cos-to.
Todo lo que tenía lo había obtenido enamorando a mujeres mayores, que tuvieran mucho dinero, las engañaba diciendo que las amaba y luego las dejaba quedándose con toda su fortuna.
Carlos Robles, un hombre maduro, buen mozo, alto, de apa-riencia juvenil para su edad. Casado, más no enamorado de
Margaret Castillo, una buena mujer, que, en los quince años de casados, le había dado dos hijas.
Pero él, deseaba más. El amor de una morena, hermosa y joven, recién llegada a sus tierras. Una mujer muy diferente a to-das aquellas que había tenido.
El jefe no hacia otra cosa que observar a Mary, le gustaba verla caminar, con solo ver a Mary el pulso se le aceleraba – Esta cosa rica- tal como él la llamaba.
Mary, piel joven sin uso alguno; lo estaba enloqueciendo.

La Casa de las Rosas, será tu hermosa prisión, hasta que tu corazón decida amarme con Pasión.

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